La nueva GPU dedicada de Intel llegará con una potencia limitada para no elevar el consumo, ¿permitirá jugar con garantías?

Intel sigue trabajando a ritmo acelerado para lanzar en 2020 su nueva GPU dedicada. Es, sin duda, una de las apuestas más ambiciosas del gigante del chip, y también una de las más complicadas. Con la serie Gen12, nombre que recibe la arquitectura sobre la que se apoyará esa nueva serie de GPUs dedicadas, la compañía que dirige Bob Swan quiere lanzarse a un mercado complicado que se le ha resistido desde hace décadas.

NVIDIA y AMD no se lo van a poner nada fácil. Intel debe tener claro desde el principio que no va a lograr un «veni, vidi, vici» con la serie Gen12, esta servirá como punta de lanza para facilitar su retorno a un mercado lleno de posibilidades pero muy competitivo, donde tendrá que trabajar durante años para hacerse un espacio y fijar una posición que le permita ir arañando cuota de forma gradual a esos dos gigantes.

Durante las últimas semanas hemos visto distintas informaciones centradas en el proyecto GPU de Intel que tienen algo importante en común, y es que Raja Koduri y su equipo están teniendo problemas para mantener un buen valor en términos de rendimiento y consumo con la arquitectura Gen12. Curiosamente esto no es algo nuevo en el curriculum de Koduri, en su época al frente de la división Radeon de AMD dio forma a arquitecturas competitivas pero con consumos muy elevados.

Parece que Koduri es un hombre al que le cuesta perder las «buenas costumbres». Bromas aparte, todo apunta a que no se trata de un problema limitado a las GPUs más potentes que darán forma a las tarjetas gráficas de gama alta de Intel basadas en la arquitectura Gen 12. Según una nueva información el modelo más básico está recibiendo ajustes importantes para mantener el TDP de 25 vatios, y como consecuencia de ello su rendimiento podría superar en apenas un 23% el de las GPUs integradas que traerán los procesadores Tiger Lake (10 nm++).

No suena nada bien, sobre todo porque haciendo una equivalencia aproximada podríamos estar hablando de una tarjeta gráfica con un rendimiento inferior al que ofrece la GTX 1050. Sé lo que estáis pensando, que aquella tiene un TDP de 75 vatios y sí, es cierto, pero llegó en 2016 y está fabricada en 16 nm, mientras que la solución de Intel llegará en 2020 (cuatro años después) y estará fabricada en proceso de 10 nm (en teoría). Si esto se confirma no será una opción capaz de ofrecer un buen rendimiento en juegos actuales con resoluciones 1080p.

Veremos cómo evoluciona este proyecto durante los próximos meses y estaremos atentos a cualquier tipo de información oficial que vaya saliendo. El hermetismo que mantiene actualmente Raja Koduri y la división gráfica de Intel puede significar dos cosas: que todo va bien y que no quieren comentar nada para mantener el factor sorpresa a su favor o que, por contra, los rumores que hemos visto son ciertos y no tienen nada bueno que contar de momento.

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