Piel de tomate y grafeno para generar electricidad con el calor corporal

A mediados de 1945, cuando la segunda Guerra Mundial avanzaba hacia su fin, las tropas del Ejército Rojo ruso usaban una chimenea para poder comunicarse por radio. Era relativamente sencillo usando dos placas de plomo unidas por hilos de cobre. Dejaban una al aire libre y la otra en el fuego. La diferencia de temperatura generaba un flujo de electrones, es decir, corriente eléctrica. Es el conocido como efecto Seebeck, el mismo que ahora es utilizado por investigadores de Málaga para que cualquier prenda textil pueda producir pequeñas cantidades de energía, como han demostrado en un trabajo publicado en la revista Advanced Funcional Materials. Eso sí, lo hacen con materiales biodegradables, sostenibles y mucho más ligeros: piel de tomate y nanopartículas de grafeno, que esparcen sobre tejidos de algodón como una camiseta. Al vestirla, el contraste entre el calor corporal y la temperatura ambiente hacen el resto.

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