La triste caída en desgracia de Opera Software

Cuando Opera Software, desarrolladora de uno de los navegadores web que más innovaciones ha aportado al segmento, abandonó su propio motor web para adoptar primero WebKi, más tarde Blink, es decir, Chromium, muchos se echaron las manos a la cabeza… porque ya nunca más sería lo mismo. Sin embargo, fue el movimiento correcto; el único que les aseguraba la supervivencia en un mundo dominado por Chrome.

Con el tiempo, con todo lo que ha pasado después, se ha demostrado que fue así, al menos en lo técnico: hoy solo quedan Firefox y Chrome y los restos también son para Chrome, léase Chromium, léase Opera, Vivaldi, Brave o el mismo Microsoft Edge. Hablamos de motores web, claro. Opera supo adaptarse bien a Chromium y recuperar parte de su esencia.

Pero Opera Software se vendió a un consorcio de compañías chinas y, una vez más, todo el mundo se temió lo peor, aunque a diferencia de lo sucedido con el cambio de motor web este no parecía un cambio tan dramático en un principio. Al fin y al cabo, la compañía seguía radicada en Noruega y el grueso de su fuerza laboral residía allí, como todavía es el caso. Esto fue en 2016. En 2017 salió a bolsa y a partir de ese momento, las cosas no le han ido muy bien.

El problema de Opera se llama Chrome, y es que aun cuando en lo técnico ha seguido aportando soluciones de calidad tanto para móviles como para PC, su cuota de mercado, que nunca ha sido muy grande, no ha dejado de reducirse a medida que el navegador de Google ha engordado hasta convertirse en el monstruo que es hoy. Esta delicada situación ha afectado también a Opera Networks, la red de publicidad gestionada por la compañía y han intentado resolver el desaguisado de la peor de las maneras posibles.

La caída en desgracia de Opera Software

Según cuentan en Android Police, en lo que parece a todas luces una desesperada búsqueda por ingresos, Opera Software se ha dedicado a crear mediante subsidiarias diferentes aplicaciones de préstamos que tú no conoces, porque no van dirigidas a ti, pero que son dignas del peor usurero que te puedas imaginar. Estas aplicaciones para Android están enfocadas en mercados emergentes como el asiático y el africano y contemplan intereses de locura.

La información surge de un informe de la consultora Hindenburg Research e indica que las tres aplicaciones que han conseguido rastrear aplicaban tasas de intereses de entre el 365 y el 876 por ciento, con términos de devolución abusivos que, de hecho, están prohibidos por las políticas de Google Play Store, y que al parecer han sido rectificados tras ser desvelados. Pero aún hay más y es peor.

De acuerdo a algunas de las reseñas de los usuarios que han caído en la trampa, las aplicaciones enviarían «mensajes de texto o llamadas a las personas en los contactos del usuario cuando los pagos se retrasaban, amenazando con emprender acciones legales o colocar al prestatario en una lista negra de crédito». Una práctica que terminó de ejercerse el año pasado porque, de nuevo, es ilegal.

Opera Software se defiende frente a sus inversores aduciendo numerosos errores en el informe de Hindenburg Research, pero lo cierto es que tratan de quitarle hierror a detalles concretos y no desmienten el fondo del asunto. Más bien al contrario, sacan pecho por sus resultados y… No merece la pena hablar más del tema, porque en el informe de marras se cuenta todo con pelos y señales y no tiene nada que ver con lo que nos ocupa, la tecnología.

La triste caída en desgracia de Opera Software es manifiesta y lo único que cabe preguntarse es, ¿quién puede seguir usando su navegador tras conocer semejante historia? Es triste, porque siguen ofreciendo un buen producto. Por fortuna, el ex-CEO de la compañía fundó Vivaldi y está más que listo para la acción. Para todo lo demás, el propio Chrome o, mejor aun si se antepone la privacidad, Firefox.

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