¿Nos espían los chismes tecnológicos?

El objeto varía de un testigo a otro (puede ser un viaje o la compra de una mesa de jardín), pero el fenómeno se repite: es como si el smartphone escuchara nuestras conversaciones para luego ofrecernos publicidad de aquellas cosas que decimos desear. Hay quien afirma, yendo más allá, que incluso le ofrecen artículos sobre los que ni siquiera ha hablado: solo los ha imaginado. El espionaje, dicen otros, trasciende lo que escribimos o decimos, y llega hasta nuestros pensamientos más íntimos. Tenga cuidado con lo que piensa.

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