PS5 vs Xbox Series X: ¿cuál es más potente?

Microsoft y Sony han mostrado por fin sus cartas, ya conocemos todas las claves de PS5 y Xbox Series X, tenemos claro qué podemos esperar de ambas en términos de potencia bruta, qué novedades traerán a nivel de nuevas tecnologías y qué carencias podrían mostrar a medio y largo plazo, ¿pero cómo se comparan si las enfrentamos de forma directa?

Es una excelente pregunta, y en este artículo vamos a realizar una comparación clara y sencilla para que todo el mundo pueda entenderla, pero sin descuidar la base técnica. Antes de empezar os recuerdo que PS5 y Xbox Series X utilizan la misma base a nivel de arquitectura en términos generales, lo que significa que son muy parecidas y que sus diferencias no son tan marcadas como apuntaban algunos rumores.

Todavía no tenemos claros algunos detalles importantes, como por ejemplo el precio de venta de ambas consolas y el coste de sus principales accesorios, pero en principio todo apunta a que veremos una paridad en el precio de ambas y que rondarán, como máximo, entre los 499 y los 599 euros.

PS5 frente a Xbox Series X: Zen 2, RDNA 2 y trazado de rayos

Como anticipamos la base tecnológica de ambas consolas es idéntica. Las dos utilizan una APU de AMD de alto rendimiento y de última generación semipersonalizada que integra una CPU Zen 2 y una GPU basada en la arquitectura RDNA 2.

Esto era algo que ya teníamos claro, de hecho sabíamos también que ambas consolas iban a contar con una CPU de ocho núcleos, y que apostarían por una configuración de memoria GDDR6 unificada que podría rondar entre los 16 GB y los 20 GB. Al final se ha confirmado la primera cifra, y en ambos sistemas.

El SSD de alto rendimiento también está presente, aunque con un enfoque distinto en ambas consolas. PS5 opta por potenciar el rendimiento a costa de una menor capacidad, y Xbox Series X hace totalmente lo contrario. ¿Merece la pena este sacrificio? Sobre ello hablaremos más adelante, ahora vamos a echar un vistazo a las especificaciones de ambas consolas, y luego entraremos en un análisis más técnico.

Especificaciones de PS5

  • CPU Zen 2 con ocho núcleos a 3,5 GHz (variable, puede bajar).
  • GPU RDNA 2 de AMD con 36 CUs (2.304 shaders) a 2,23 GHz variable (pico máximo, 10,3 TFLOPs de potencia).
  • Soporte de trazado de rayos acelerado por hardware.
  • 16 GB de GDDR6 con un ancho de banda de 448 GB/s.
  • SSD de 825 GB con un ancho de banda de 5,5 GB/s ampliable.
  • Soporte de almacenamiento externo.
  • Lector de discos Blu-ray 4K.
  • Sony no concretó el objetivo de resolución y rendimiento en juegos.
  • Sonido posicional 3D de alta calidad con chip Tempest dedicado.

Especificaciones de Xbox Series X

  • Procesador Zen 2 a 3,8 GHz con 8 núcleos activos y SMT desactivado. Con SMT activado es posible mover 16 hilos pero la velocidad baja a 3,6 GHz.
  • GPU Radeon RDNA 2 semipersonalizada con 3.328 shaders a 1.825 MHz con una potencia de 12,15 TFLOPs.
  • Soporte de trazado de rayos y sombreador de tasa variable.
  • 16 GB de memoria GDDR6 unificada sobre un bus de 320 bits: 10 GB con un ancho de banda de 560 GB/s y 6 GB con un ancho de banda de 336 GB/s.
  • SSD NVME de 1 TB ampliable fácilmente gracias al formato tipo tarjeta que utiliza Xbox Series X a 2,4 GB/s brutos y 4,8 GB/s comprimidos.
  • Soporte de almacenamiento externo vía USB 3.2.
  • Capaz de mover juegos en 4K con una tasa de refresco de hasta 120 Hz (120 FPS).
  • Lector de discos Blu-ray 4K.
  • Chip de sonido 3D.
  • FreeSync, HDR10 y soporte de tecnologías avanzadas para mejorar la experiencia de uso, como Auto Low Latency Mode, que reduce la latencia.

¿Qué consola es más potente? Xbox Series X, sin duda

Los números no mienten, la CPU de Xbox Series X es más potente y puede trabajar, además, en una configuración con SMT. Sony no ha comentado nada en este sentido, simplemente ha indicado que el procesador de PS5 suma ocho núcleos, de los cuales tendrá que reservar, al igual que Xbox Series X, al menos uno para el sistema operativo, y que puede alcanzar los 3,5 GHz de frecuencia. Dicha frecuencia es dinámica, es decir, puede bajar si la carga que soporta la GPU es demasiado alta.

Y hablando de la GPU, otra victoria para Xbox Series X. La consola de Microsoft tiene una configuración con más unidades de computación, lo que se traduce en más shaders. Sobre este tema Sony ha intentado justificar la menor cantidad de shaders de PS5 hablando de lo complicado que resulta «ocupar» de forma efectiva una cantidad muy grande de unidades de computación, pero francamente, su explicación no me convence.

Llevamos años con gráficas de más de 3.000 shaders en el mercado, de hecho la Radeon R9 Fury X, lanzada en 2015, tiene 4.096 shaders. Decir que es mejor montar una GPU con 2.304 shaders y llevarlos en picos de frecuencia a 2,23 GHz (no estables) que una con más shaders a menor frecuencia es un sinsentido. No debemos olvidar, además, que una GPU con más unidades de computación suma una mayor cantidad de unidades de textura y de rasterizado, y debería contar también con más unidades para trazado de rayos.

Aunque la diferencia sobre el papel entre la GPU de PS5 y la de Xbox One X sea de apenas un par de TFLOPs me huelo que en la práctica dicha diferencia va a ser mucho más grande. PS5 tiene menos shaders, menos unidades de textura, menos unidades de rasterizado y (probablemente) menos unidades para trazado de rayos que Xbox Series X, algo que Sony no ha contado porque, obviamente, no le interesa, pero que es real y que afectará a su rendimiento por mucho que lleven las frecuencias de trabajo del silicio hasta su límite.

Y hablando de llevar las frecuencias al límite, me parece muy curioso lo que ha hecho Sony, y me recuerda a los movimientos de desesperación de Microsoft con Xbox One, cuando subió la frecuencia de la CPU y la GPU a última hora para intentar recortar distancias con PS4. ¿Será esto una casualidad? Ya sabéis que no creo en las casualidades.

En cuanto a la memoria unificada Xbox Series X tiene una pequeña ventaja gracias al mayor ancho de banda de su bloque «rápido», y llega con un objetivo definido: mover juegos en 4K a 60 FPS. PS5 por contra, no tiene una meta definida, y creo que solo ha demostrado un atisbo de superioridad en el rendimiento del SSD, que tiene un mayor ancho de banda, y en sus capacidades de sonido 3D posicional.

Con todo, me permito recordaros que por muy rápido que funcione un SSD llega un punto en el que las diferencias de rendimiento que marca son cada vez menores, y este caso no va a ser una excepción. Comparar un SSD que funcione a 3,5 GB/s con otro que se mueva a 5 GB/s nos deja unas diferencias de rendimiento que, en la práctica (entornos reales) son mínimas. Quizá Sony nos sorprenda, pero es imposible darlo por seguro.

El tema de la retrocompatibilidad supone un valor añadido. Ambas consolas permitirán disfrutar de juegos de las generaciones anteriores, pero el soporte en Xbox Series X va a ser más amplio que en PS5, al menos en el momento del lanzamiento de ambas consolas.

¿Se ha dormido Sony en los laureles con PS5?

Francamente tiene toda la pinta. La compañía japonesa ha liderado de forma absoluta la generación actual con PS4, una realidad que fue dolorosa para Microsoft pero que le ha enseñado una valiosa lección: la potencia importa, y mucho. Los de Redmond han aprendido a la perfección esa lección, y nos han sorprendido con una configuración de hardware muy buena en Xbox Series X.

Como dije anteriormente creo que ni siquiera Sony se esperaba esto, el hecho de que hayan recurrido a esa especie de modo turbo y la extraña capacidad de almacenamiento del SSD (825 GB) me suena a cambios de última hora para apurar un poco más de rendimiento-prestaciones sin elevar demasiado el coste, un tema que, precisamente, ha destacado Mark Cerny continuamente: el equilibrio entre componentes para no disparar el coste y el precio de venta de PS5.

Aunque ahora mismo todo parece indicar que Xbox Series X ha ganado la partida a PS5 debemos tener claro que una consola sin buenos juegos no es más que un montón de componentes en una caja. Los exclusivos van a ser clave, y Microsoft es, precisamente, la que tiene mucho que mejorar en este aspecto.

El lanzamiento de PS5 y Xbox Series X se espera para finales de este mismo año. Ambas tendrán, salvo sorpresa, el mismo precio de venta: entre 499 y 599 euros.

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