Apple y Google modifican su proyecto de seguimiento del coronavirus

El seguimiento masivo de la huella del coronavirus es un elemento formidable para luchar contra el patógeno. Desgraciadamente ya hemos aprendido sobre los peligros de los afectados asintomáticos, así como de las personas que, en los primeros días tras su toma de contacto con el patógeno, ya son portadores y vectores de difusión, pero todavía no son conscientes de ello. Lo ideal, claro, sería poder someter a análisis al 100% de la población, pero dado que eso a día de hoy no es factible por múltiples razones, seguirle la pista a la presencia del patógeno es, a día de hoy, un buen método para afinar en la medida de lo posible la búsqueda de afectados.

Son muchas las empresas del sector tecnológico que han querido hacer su aportación en este punto, y una de las más sorprendentes, sin duda, ha sido la colaboración entre Apple y Google para desarrollar un sistema de seguimiento. Ya te hablamos de ella hace unas semanas, y poco después te contamos en detalla cómo funciona, y las alarmas que había disparado en múltiples defensores de los derechos civiles.

Hablamos, claro de desarrollos (tanto la API de Apple y Google como otros muchos de la industria) en los que combinan dos factores adversos: desconocimiento y prisa. Día a día seguimos aprendiendo cosas nuevas sobre el coronavirus, y en algunas ocasiones los nuevos descubrimientos invalidan parte de lo que habíamos asumido anteriormente. Pero, por otra parte, eso no puede frenar los avances que se están realizando, ya que necesitamos toda la ayuda posible en el menor plazo posible. Esta nefasta combinación obliga a mirar, simultáneamente, lo ya hecho y lo que tenemos pendiente.

Este ha sido el caso de la API de Apple y Google, que solo unos días después de haber sido liberada en su versión 1.0, ya ha recibido su primera actualización, la 1.1, publicada para corregir un problema que podía provocar falsos positivos, algo que de no ser confirmado mediante un test, podría llevar al confinamiento de muchas personas no afectadas. En concreto, el problema afecta a la potencia con la que se empleará la detección mediante bluetooth.

Y es que, a falta de definición de este parámetro, y con una excesiva intensidad es posible que la API detecte un supuesto contacto entre dos personas que, en realidad, están separadas por una pared que evita todo riesgo. Por lo que sabemos hasta ahora del coronavirus, no parece que sea capaz de atravesar este tipo de estructuras, así que nos encontraríamos con una detección que, en realidad, no es tal. Para evitar ese problema, se ha definido un rango concreto, dentro del que operará la detección, y que es el comprendido entre -127 dBm y +127 dBm.

Esta solución sigue sin ser perfecta, pues hay elementos que pueden interferir en la señal, razón por la que en un primer momento se había optado por un rango más amplio. Ahora, con este ajuste, se reduce el riesgo de falsos positivos, si bien habrá que valorar el efecto que pueda tener esto a la hora de no identificar contactos que sí que se han producido. Es posible que veamos algún nuevo ajuste en este sentido hasta dar con el punto dulce. No obstante, cabe entender que ya se habrán hecho muchos números antes de llegar a esta primera corrección.

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