Apple, ARM y la eterna búsqueda de la independencia tecnológica

Hace unos días conocimos una noticia que agitará los cimientos de la industria tecnológica: tras más de quince años con Intel, Apple ha decidido diseñar sus nuevos procesadores para ordenadores de escritorio y portátiles. Sin embargo y aunque sorprenda a los lectores más jóvenes, no es la primera vez que en Cupertino sueñan con ello; esta es la historia de cómo Apple siempre quiso tener su propio microprocesador.

Casi desde sus inicios, Apple ha tenido claras las ventajas de la integración vertical y la debilidad que supone depender de terceros para el componente fundamental de cualquier ordenador: el microprocesador. Seguro que muchos lectores recuerdan el abandono del PowerPC y los argumentos que se esgrimieron entonces pero para comenzar nuestra historia debemos remontarnos muchos años más. En concreto, a 1989.

En Archive.org se puede consultar una filtración que contiene un extenso documento técnico de más de 200 páginas donde se describe, con todo lujo de detalles la arquitectura de una CPU multinúcleo una década antes de que empezáramos a verlos en los PC.

El trabajo comenzó a mediados de los años 80 y se mantuvo hasta el final de la década, donde se clasificó bajo el nombre de “Scorpius Architectural Specification,”. Es probable que ese nombre os diga poco, pero si sois aficionados a la historia de la informática sí reconoceréis cómo terminó llamándose: Proyecto Aquarius.

Tras la salida de Steve Jobs de Apple, el departamento de I+D de la compañía inicio un proyecto para diseñar y fabricar una arquitectura de CPU multinúcleo. Apple, en ese momento liderada por  John Sculley y profundamente influenciada por el jefe de desarrollo de Macintosh, Jean-Louis Gassée, quería recuperar el liderazgo tecnológico según el Macintosh se iba viendo superado por la competencia.

La aproximación de Apple tenían un gran nivel técnico y estuvo apoyada por cantidades ingentes de dinero pero faltó músculo financiero.

“Apple no era una empresa de microchips y carecía de los recursos necesarios para convertirse en una. Además de contratar personal altamente especializado con el diseño de microprocesadores, comprar el equipo necesario para implementar el diseño y fabricar el producto final (o contratar a empresas como Fujitsu o Hitachi para que lo hicieran). Empresas como Intel o Motorola gastan millones de dólares cada año diseñando y fabricando microprocesadores. Apple estaba bien, pero no tenía miles de millones para gastar” relata Tom Hornby en Low End Mac.

Aunque el proyecto Aquarius nunca se materializó, si anticipó conceptos que solo veríamos hasta muchos años después. Además del multinúcleo y el procesamiento en paralelo, anticipó la necesidad de un chip gráfico integrado, algo que Intel no desarrolló hasta la década de los 90 con el chipset Intel i810.

Hace un par de años, Jean-Louis Gassée recordó que el fracaso relativo de ese proyecto marcó el presente y el futuro de Apple:

“Aunque el trabajo del procesador multinúcleo no produjo resultados directos, el proyecto Aquarius es un ejemplo del deseo constante de Apple para controlar el futuro de su hardware. Este anhelo se manifestaría de nuevo cuando Steve Jobs compró Palo Alto Semiconductor para desarrollar los microprocesadores Ax, la clave del brutal rendimiento de los iPhone e iPad y responsables de buena parte de su éxito”.

Volvamos a 1990, con una Apple que sabe lo que necesita pero no tiene el dinero suficiente para construirlo. La solución fue una alianza con IBM y Motorola, dos titanes del chip, a la que les hizo gran parte del trabajo “sucio” y les prometió que untos revolucionarían el futuro de la informática.

Aunque los primeros modelos de PowerPC sorprendieron a crítica y público por su excelente rendimiento el primer y casi único cliente seguía siendo Apple. El grueso de la industria informática basada su progreso en el x86 e incluso IBM, socia de la alianza, nunca confió al 100% en la plataforma.

La mayoría de analistas coinciden en que mayor problema fue el volumen. Apple nunca alcanzó un nivel de ventas tan grande como para PowerPC pudiera competir con el binomio Intel y Microsoft (que, recordemos, arrasaba con Windows). En lugar de triunfar en la informática de consumo, el PowerPC tuvo un gran éxito como procesador para consolas de videojuegos y no en vano, la generación formada por Nintendo Wii, PlayStation 3 y Xbox 360 usaron esta arquitectura.

¿Sabías que las tres consolas comparten arquitectura?.

Buena parte de la fama de “ordenadores para profesionales” de los equipos Apple es consecuencia de la apuesta por PowerPC, un procesador realmente potente y lejos de la competencia, especialmente en las iteraciones G3 y G4. Es probable que algún lector veterano recuerde la calidad de aquellos equipos y las diferencias respecto a alternativas x86. En vídeos como este, Apple se encargaba de recordarlas.

El cénit tecnológico de PowerPC llegó con el G5, el primero de 64 bits de la compañía y el que Steve Jobs, en una de sus famosas keynotes, prometió que alcanzaría los 3 GHz. Sin saberlo, estaba marcando el principio del fin de una era.

PowerPC nunca alcanzó los 3 GHz por un problema de arquitectura imposible de resolver y la transición de los equipos Apple a G5 se topó con un problema todavía mayor: el procesador estaba diseñado para estaciones de trabajo y no era nada sencillo encapsularlo en un portátil sin tener grandes necesidades energéticas y problemas de temperatura.

Con un mercado portátil creciendo a doble dígito, unos procesadores caros de fabricar y un gap tecnológico cada vez más reducido, Steve Jobs tuvo que llamar a Santa Clara. “Han pasado diez años desde nuestra trancisión a PowerPC y pensamos que la tecnología de Intel nos ayudarán a a crear los mejores ordenadores personales durante los próximos 10 años”. Profético.

Steve Jobs no dudó en humillar al G4 para vender el paso a Intel.

Aunque IBM mantuvo su división POWER sin Apple como cliente y hay proyectos en marcha, la idea de revolucionar la informática y desbancar al x86 murió, sin lugar a dudas, el día que Steve Jobs presentó los primeros ordenadores con Intel.

Siendo justos, la asociación entre Apple e Intel ha sido tremendamente fructífera y ha ayudado a la compañía de Cupertino a ampliar su cuota de mercado. Sin embargo, Apple es un cliente caprichoso, que no quiere saber de cadencias, de roadmaps y, por supuesto, no quiere esperar a la competencia. No es la primera vez ni será la última, como bien saben en NVIDIA.

Con el salto a ARM y sus propios procesadores Apple busca la diferencia, tener algo que la competencia no pueda tener y conseguir la ansiada integración vertical, la simbiosis perfecta entre el hardware y el software que llevan buscando casi desde su nacimiento, en la década de los 80. ¿Lo conseguirán esta vez? Si algo no les falta en esta ocasión es dinero para intentarlo.

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