Facebook da marcha atrás… o eso dice

Sé que, por algunas de mis últimas publicaciones, puede parecer que tengo algo personal en contra de Facebook, así que creo que es importante empezar aclarando este punto: no, no me mueve ninguna animadversión, y me encantaría poder hablar de la red social en términos positivos. Claro, que también me encantaría poder hablar en términos positivos de otras tecnológicas. El problema es que, con más frecuencia de la que debieran, estas compañías dan razones para hablar mal.

Y en esas ando con Facebook, a quienes en una semana he criticado por su política (por no decir su inacción) con respecto a los mensajes de odio, y también por las pruebas que ha dado de que no le importan ni la privacidad ni la seguridad de sus usuarios. Son dos acusaciones serias, lo sé, y no las habría hecho de no haber datos más que suficientes para sustentarlas. Ahora, una semana después de la primera, parece que la compañía ha decidido hacer algo al respecto, según ha publicado Mark Zuckerberg recientemente.

En la publicación se centra, principalmente, en desgranar las acciones que va a llevar a cabo Facebook para prevenir todo tipo de interferencia en las elecciones presidenciales de EEUU, que se celebran el próximo mes de noviembre. A este respecto, afirma que van a redoblar sus esfuerzos para detectar campañas orientadas a desincentivar el voto de determinados colectivos (algo que ya ocurrió en la campaña del Brexit y en las presidenciales de EEUU de 2016), así como a identificar las noticias falsas, algo que en un primer momento dijeron que no harían.

Como ejemplo de las acciones que van a a llevar a cabo, menciona las publicaciones falsas en las que se afirma que habrá agentes de control de la inmigración en los colegios electorales, una táctica para disuadir de ir a ejercer el voto para aquellas personas que tienen derecho a voto pero también familiares en situación irregular en el país. Todas aquellas acciones orientadas a disuadir, por activa o por pasiva, a cualquier ciudadano a que se exprese en las urnas, será perseguida por Fecebook.

En cuanto a los mensajes de odio, la compañía establece una diferencia clara entre las publicaciones personales y los anuncios que se muestran en la plataforma. En aras de la libertad de expresión, la compañía no va a realizar cambios en lo referido a los mensajes personales, que seguirán sometidos a las mismas normas que hasta ahora. Es en el contenido publicitario donde se van a introducir cambios en Facebook. Unos cambios que, básicamente, amplían los supuestos por los que una publicación puede ser denunciada y rechazada.

La principal modificación a este respecto es que, a partir de ahora, se prohibirán contenidos que afirmen que las personas de una raza, etnia, origen nacional, afiliación religiosa, casta, orientación sexual, identidad de género o estatus migratorio específicos son una amenaza para la seguridad física, la salud o la supervivencia de los demás. También afirma que Facebook intentará proteger a migrantes, refugiados y solicitantes de asilo de mensajes que los atacan.

Es un buen punto de partida, suena bien y, además, reconozco que solo llegar a ese punto ya supone una enorme carga de trabajo, que no sé si la red social será capaz de asumir (espero que sí). El problema, como suele ocurrir en estos casos, es que no se trata de una decisión tomada por voluntad propia. No, la razón de ser se llama #StopHateForProfit y, de momento, ya le ha costado a Facebook la pérdida de más de cincuenta anunciantes, algunos de gran tamaño como VF Corporation, Unilever, Coca Cola, Verizon… una lista bastante larga y que debe haber preocupado bastante a directivos y accionistas.

Y esto es lo que me lleva a desconfiar de Facebook, las razones que han motivado el cambio. Espero que las medidas anunciadas se pongan en marcha a la mayor brevedad posible, y que la red social siga avanzando en este sentido. Sin embargo, no puedo dejar de pensar que esto no habría ocurrido, o no al menos con esta velocidad, de no ser por la presión de los anunciantes. Y me pregunto qué pasará después. Espero que Facebook adopte un nuevo rumbo y deje de monetizar el odio. Y si ocurre no dudaré en aplaudirlo pero, hasta entonces, las palabras no son suficiente.

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