Reckful y el problema de la toxicidad en Internet

Llevo unos días pensando en la muerte de Reckful y se me va la vida en entenderlo. Corrijo, llevo días pensando en el suicidio de Reckful, porque no hablamos de una muerte natural ni accidental. No, hablamos de una muerte intencional, provocada. De una persona de 31 años que ha decidido quitarse la vida y lo ha hecho. Una muerte que, además, y este es el punto en el que me voy a centrar, fue alentada de manera activa por determinadas personas que, no lo sé, quizá hoy tengan un importante peso sobre su cabeza. Así debería ser, entiendo yo.

Si no sabes de qué estoy hablando, aquí va un resumen: Reckful era toda una personalidad en el mundo de los esports y el streming. Ya en 2010, cuando eso de los deportes electrónicos estaba todavía empezando a despegar, logró bastante reconocimiento en la comunidad de World of Warcraft gracias a sus habilidades. Tras retirarse de la competición activa se convirtió en podcaster y streamer, además de llevar a cabo otras muchas acciones, como su propia serie de entrevistas o el desarrollo de videojuegos.

Es menos sabido, pero igual de importante, que padecía depresión crónica, un trastorno que arrancó cuando, teniendo solo seis años, vivió el suicidio de su hermano mayor. Sus personas más cercanas, incluida su pareja, a la que había pedido matrimonio solo unas horas antes de quitarse la vida, hablan de Reckful como una persona asustada, asustada por su enfermedad y por las consecuencias que ésta podía llegar a tener. No hace falta ser muy sabio para concluir que existe una relación causal entre la depresión y las acciones autolesivas.

Hace solo unos días, el 2 de julio, publicó este tweet:

Algo iba mal, ese mensaje era una señal más de ello. Y sí, digo que era una señal más, porque como ya he comentado, desde 2016 Reckful era streamer en Twitch, y en más de una ocasión se «rompió» durante un directo. Recuerdo haber escuchado algunas voces que afirmaban que se trataba de algo impostado y, aunque suelo escuchar todo tipo de opiniones, también aquellas con las que no coincido, en esos casos pulsé el botón de silenciar. Reconozco que me faltan paciencia y estómago para convivir con esas actitudes.

Y es que aquí es a dónde quería llegar. He visto algunos vídeos del último directo de Reckful en Twitch, un directo en el que rompió a llorar y en el que, aunque una parte importante de la comunidad intentó alentarlo de la mejor manera de la que fueron capaces, hubo múltiples usuarios que alentaron a una persona que estaba sufriendo a quitarse la vida. Le dijeron a una persona atormentada por una enfermedad devastadora que se suicidara.

Esto es lo que hace que me explote la cabeza y que se me caiga el alma a los pies. Porque sí, soy consciente de que la depresión, como el resto de trastornos y enfermedades mentales arrastran un estigma enorme que, además, se traduce en un abismal desconocimiento sobre los síntomas y efectos de las mismas. En muchos casos no podemos llegar a ser plenamente conscientes de los efectos que nuestras acciones y palabras (o la ausencia de ambas) pueden tener en una persona que sufre depresión.

Pero eso no es excusa. Estoy seguro de que las personas que en el último directo de Reckful le dijeron que se suicidara se autoexcusarán diciendo que no es para tanto, que sus acciones no han sido el factor desencadenante, que ellos no han tenido la culpa. Y si soy objetivo debo decir que es cierto, que nunca sabremos el peso que sus palabras tuvieron para Byron que, por cierto, para los que olvidan que el streamer era una persona, ese era su nombre.

Digo que objetivamente es cierto, quizá fueron solo unos comentarios que cruzaron rápidamente el chat de su directo, pero también es posible que no fuera así. También es posible que Reckful los leyera y que incrementaran esa angustia que manifestaba en el tweet que he citado anteriormente. Quizá no llenaron el vaso, pero sí que lo desbordaron. Y como persona que concede mucho valor a los pequeños detalles, la intuición no deja de decirme que eso es, exactamente, lo que ocurrió.

En estos días he hablado con compañeros de trabajo, con amigos, con mi familia… y soy incapaz de entenderlo. No puedo entender qué hace que una persona, un ser supuestamente humano, vea a otra persona sufriendo y lo único que sea capaz de decirle es que se suicide. ¿Qué recompensa personal obtuvieron quienes le dijeron a Reckful que se quitase la vida? ¿Y después, al saber que lo había hecho? Puedo entender que una persona desee el mal ajeno cuando se traduce en beneficio propio pero, ¿y en este caso? ¿Y en estos casos?

Hace unas semanas, cuando escribí sobre las denuncias recibidas por Twitch en base a la DCMA, planteé que la plataforma, de la que ya he dicho en otras ocasiones que soy usuario habitual, debería tomar para cuidar a los streamers. Y hoy más que nunca tengo claro que son necesarios. Y no solo en Twitch, no, también en Twitter, en Instagram, en Facebook, en Youtube… la toxicidad en la red es un problema, un problema más serio de lo que muchas personas piensan.

¿Libertad de expresión?

Y sí, no necesito que nadie me recuerde la libertad de expresión, me han salido canas defendiéndola, pero he llegado a un punto en el que no, en el que me niego a aceptar que personas como las que le dijeron a Reckful que se suicidara se puedan amparar en la libertad de expresión, y creo que las medidas punitivas contra quienes llevan a cabo este tipo de acciones deberían ser lo suficientemente contundentes como para que dejen de ser algo común en el futuro. La libertad de expresión es otra cosa.

Y tengo claro que las plataformas no son directamente responsables de ello, pero que deben hacer más y más para prevenir y castigar ese tipo de conductas en los servicios que ofrecen. Deben perseguir la toxicidad y expulsarla, y esto se circunscribe tanto a usuarios concretos como a comunidades que, con su actitud, demuestran que se vertebran en la toxicidad. Me temo, aunque espero equivocarme, que los KYS (kill yourself, suicídate) del chat de Reckful les saldrán muy baratos a sus autores. Y eso es lo que debería de cambiar. Pronto.

Y no quiero terminar sin decir que estos días me he acordado mucho de Aaron Swartz, otra muerte estúpida e inaceptable en la que la depresión y la toxicidad (en aquel caso la demostrada por los defensores de los derechos de autor más allá de lo comprensible) truncaron un proyecto vital. Y no, no estoy comparando a Swartz con Reckful, básicamente porque no son comparables. Solo digo que en ambos casos, la acción del ser humano ha tenido, eventualmente, un efecto fatal en las vidas de dos jóvenes que, a día de hoy, deberían seguir entre nosotros.

No sé, es domingo por la tarde, quizá debería dejar de pensar en la toxicidad, en los suicidos de Aaron y Byron y en el estigma de los trastornos y las enfermedades mentales. Quizá debería dejar de escuchar post-rock (This Will Destroy You, por si te lo preguntabas), quizá debería cerrar el navegador y entrar un rato en Kind Words para reconciliarme un poco con el ser humano. O quizá entre al canal de Reckful a ver las repeticiones de sus mejores momento. O no, mejor aún, creo que voy a hacer una llamada a alguien que quizá lo necesita. Igual es buen momento para que lo hagas tú también.

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