Filtros de Zoom: cuidado con las conferencias de trabajo

Los filtros de Zoom no son, desde luego, uno de sus puntos más destacables. En realidad, y sobre todo desde el auge de Snapchat, este complemento se ha vuelto prácticamente indispensable en cualquier aplicación y servicio de vídeo y vídeoconferencia, e incluso en muchas apps de fotografía. Ha calado muy profundo en los más jóvenes, y ya hay quienes los emplean en todos los usos que hacen de las cámaras de sus smartphones y ordenadores.

Esto no es ni bueno ni malo, y tampoco es algo especialmente nuevo. Buscar elementos que modifiquen nuestra imagen para mejorarla, sea en el sentido que sea, no es patrimonio de los filtros de Zoom, de Snapchat o de Photoshop. Como podemos leer en El Diario de Sevilla, aquel extendido rumor que afirmaba que Sara Montiel exigía que se pusiera una media en las cámaras que la grababan, es totalmente cierto, al punto de que el Museo de RTVE de Sant Cugat del Valles conserva una de las medias empleadas para tal fin. Photoshop de la era analógica, podríamos decir.

Ahora bien, que los filtros de Zoom y apps similares sean útiles en algunos casos y divertidos en otros, no evita que también planteen ciertos riesgos. Eso sí, a diferencia de otras ocasiones en las que hemos hablado de Zoom, en esta ocasión el peligro no viene dado por un problema de seguridad ni nada por el estilo. En realidad funcionan perfectamente, el problema viene dado por los dispositivos usados por más de una persona y la laxitud a la hora de revisar los ajustes.

Eso viene a cuento de un tweet que se ha viralizado estas últimas horas, en el que podemos ver una vista judicial celebrada por videoconferencia, en la que entre otros participantes encontramos al abogado Rod Ponton. Damos por sentado que el abogado habría preparado su exposición, repasado toda la documentación, puede que incluso hubiera ensayado frente al espejo. Con lo que no contaba, desde luego, es con que los filtros de Zoom lo convirtieran en un adorable gatito que, eso sí, mantenía la voz del abogado.

En el vídeo insertado en el tweet podemos escuchar como sus colegas intentan ayudar al abogado que, no obstante, no consigue dar con el modo de desactivar esta función, y en un momento termina por decir “Estoy aquí en vivo. No soy un gato«, algo que entiendo que sus colegas ya habían deducido. Cabe entender que el problema técnico con los filtros de Zoom quedó finalmente resuelto y que la sesión pudo llevarse a cabo con normalidad.

Aunque no hay ninguna declaración formal al respecto, todo apunta a que el abogado habría permitido a algún niño o adolescente de su entorno utilizar su ordenador y su cuenta de Zoom para hablar con sus amistades, y cometió el error de no revisar la configuración del mismo antes de volver a utilizarlo él. Eso, sumado a que no parece tener demasiado conocimiento sobre el funcionamiento de los filtros de Zoom, ocasionó que, por sorpresa, se viera en medio de una reunión profesional con cara de gatito triste.

Cabe entender que en esta ocasión todo terminó bien, pero entiendo que en determinados entornos, en los que la seriedad se lleva por bandera, aparecer en una videoconferencia de esta guisa puede suponer un problema, un serio problema. Y esto es un recordatorio de que al compartir ordenador, especialmente con niños y adolescentes, hay que tomar algunas medidas de seguridad, como comprobar si los filtros de Zoom están activados.

Claro que, por otra parte, tengo una teoría… ¿y sí en realidad el abogado estuviera realizando una prueba? ¿Y si su intención oculta es emplear el filtro del gatito triste en una vista con jurado? Sería un plan brillante para ablandar corazones.

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