¿Escapar de Google? No puedes

Llevo muchos años escribiendo sobre tecnología y en parte también sobre privacidad, un tema que siempre me ha interesado por las implicaciones que tiene en mi propia vida. Y en muchos de esos artículos, Google ha sido un protagonista involuntario porque… ya lo sabes: el don’t be evil hace tiempo que pasó a la historia. Mantengo así una relación de amor odio con el gigante de Internet -si es que el sobrenombre ya lo dice todo- en la que no consigo evolucionar, y no porque no lo haya intentado.

Por un lado, me encantan los productos de Google. La mayoría, al menos. El diseño, la funcionalidad, la integración que tienen entre ellos… Pero me tira para atrás lo que a todos, ese inmenso perfil de mí mismo que la compañía atesora en sus servidores y que de usar más de sus productos, les podría decir prácticamente todo sobre mí. De hecho, tenía en mente un proyecto que no sé si haré al final porque me da bastante pereza, pero que creo que sería interesante.

Quería vivir un mes usando cien por cien servicios y software de Google. Si en el móvil ya tengo Android, en el PC me instalaría CloudReady, un Chromium OS que a diferencia de Chrome OS se puede instalar de manera independiente y que tras su compra por parte de Google, parece que se va a librar de las restricciones que la compañía ha impuesto al navegador Chromium. Salvo por algún detalle menor, usar CloudReady es como usar Chrome OS.

Utilizando Android y CloudReady, pues, solo me faltaría volcarme también con los servicios y aplicaciones de Google, y son unos cuantos los que en el aspecto práctico valen la pena, so pena de que la compañía recoja una montaña de datos con la que intentar venderme mejor los productos de sus clientes. Por ejemplo:

  • Gmail. Si no el mejor, uno de los mejores servicios de correo electrónico que existen. Con esto, Google ya tiene acceso a mis contactos y mi correspondencia, que es mucho mucho más que los mensajes que envío y recibo.
  • Google Drive (y Docs). Otro servicio de primera en el que puede caer desde una copia de seguridad íntegra del almacenamiento de mi PC y móvil, con todo lo que ello conlleva, que es todo, a los archivos que otros usuarios comparten conmigo.
  • Google Fotos. Genial también, y Google dice además que la información que de ahí extrae -las fotos de mi familia y amistades, de mi casa- se reduce a mejorar el servicio, no a fines comerciales.

Estos tres servicios son clave, porque la cantidad de información que acumulan es de órdago: el correo, por ejemplo, no se reduce a las conversaciones que tienes con otra gente. Ahí queda también constancia de tus contactos, de todos los sitios y servicios en los que tienes cuenta y que requieren de una dirección de correo, las compras que haces, los documentos que te envían por temas personales, laborales, recibos, facturas, nóminas, documentos médicos, de administraciones públicas… No tienes por qué tenerlo todo digitalizado, pero si lo tienes…

En cuanto a Gogle Drive, poco más se puede añadir, pero si eliges guardar ahí una copia de seguridad de los archivos en tu PC y móvil… Y ojo con Google Fotos, porque cumpla Google con lo que promete o no, tus fotos ilustran tu vida por completo. Principalmente, tu entorno y estatus social (el reconocimiento facial se puede activar o desactivar, pero como tabntas otras opciones en el ecosistema de Google, hacerlo es perder funcionalidad).

Pero hay más, por supuesto: si usas Calendar, ahí están todas tus citas, de la índole que sean; en Maps, con la localización activada en el teléfono, a dónde vas y dónde estas en cada momento; si usas bien Fit, lo que que mides, pesas y te mueves; en Keep están tus notas, pero la función de listas y su autocompletado de productos la convierte en una herramienta ideal para hacer la lista de la compra…

¿Y qué hay de la mensajería instantánea? Google tiene aún varias alternativas, pero ninguna está posicionada al nivel de sus killer apps. Sin embargo, ese genuino cifrado de extremo a extremo del que presume WhatsApp, se diluye en la mayoría de los casos cuando una mayoría de usuarios respaldan sus datos en la nube, concretamente en Google Drive.

Por supuesto, no podemos olvidarnos de Chrome, donde está toda tu actividad en línea, incluyendo tu historial de navegación, contraseñas y demás; o de YouTube, la ‘tele mundial’ donde consumes mucho de los que te gusta, pero también de lo que te disgusta: piensa en tus tendencias políticas, por ejemplo; y si lo complementas con Podcast y YouTube Music, ya tienes el paquete completo.

Y no digamos ya si usas cualquiera de los dispositivos ligados a Google Home, léase Nest o Chromecast; Fitbit… O el teclado de Google para Android, que en teoría podría registrar todo lo que tecleas; el micrófono del dispositivo y las historias que giran en torno a él (ya sabes: «estaba hablando con mi primo de comprarme unas zapatillas, el teléfono estaba en la mesa… y empiezan a aparecerme anuncios de zapatillas cuando navego«), cuya verosimilitud no está para nada comprobada…

Podría seguir, pero creo que con lo expuesto se entiende bien el punto sobre el que giran las preocupaciones de mucha de la gente que se declara anti-Google. Visto así, es comprensible: a pocas vueltas que le des, es de película distópica. Y solo he mencionado aquello sobre lo que el usuario tiene una decisión directa. Ergo, puedes elegir usar todo eso en su plenitud, puedes ponerle cota a los datos que se recogen -modificando las opciones de cada producto a costa de perder funcionalidad- o puedes no usar nada y creerte que estás «a salvo de Google». Pero no lo estás.

No puedes escapar de Google

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Conste que todo lo comentado es una evidencia para cualquiera que conozca mínimamente cómo funciona Google y que mi intención de señalarlo de manera tan detenida -repito: dejándome multitud de cosas por el camino, porque de lo contrario esto se alargaría hasta la extenuación- no tiene como objetivo asustar a nadie. Siendo yo consciente de todo lo explicado, si tengo una relación de amor odio con Google es obvio que se debe a que uso sus productos.

Es más: incluso usando sus productos, escribiendo mucho sobre ellos, recomendándolos y criticándolos cuando lo considero, también he escrito y escribo mucho sobre las alternativas que existen. Y no solo lo hago yo, por supuesto. Lo hacen mil sitios e iniciativas diferentes a lo largo y ancho de Internet, y bien que hacen. No todo se reduce a la la privacidad, también la competencia es importante para la salud de Internet.

Pero ya que voy a poner un ejemplo, prefiero elegir uno nuestro, uno de los artículos que publicamos de vez en cuando recordando que existe vida más allá de Google… y no precisamente en la forma de Microsoft u otros gigantes de Internet, porque pasar de la sartén al cazo tampoco tiene mucho sentido. El artículo, además, es reciente: ¿Hay alternativas al software de Google? ¿Se puede vivir sin el gigante de Internet? La respuesta a las dos preguntas es sí.

Sin embargo, si el sí de la primera pregunta es relativo, el de la segunda es mucho más duro de asumir. Más ejemplos: puedes cambiar Chrome por Firefox, Search por DuckDuckGo, Gmail por ProtonMail, Maps por OpenStreetMap, Drive por Mega… Y así hasta el último de los servicios que ofrece Google. En la mayoría de los casos el reemplazo no va a alcanzar el nivel de calidad de Google, pero una vez te acostumbres tampoco te va a suponer un drama.

Lo más difícil es reemplazar Android, porque la única alternativa accesible a día de hoy para el común de los mortales es iOS; y en cuanto a YouTube, alternativa real no existe, pero sí medios para consumir todo lo que hay en la plataforma sin pasar por el aro de Google, aunque no están exentos de inconvenientes e incomodidades. Pero se puede hacer. Todo esto, además, depende de uno mismo, cabe repetir: eres uno quien elige qué quiere usar y qué no, al menos en su vida personal.

Ahora bien, hay muchos otros factores que escapan al control de uno. Google representa una parte fundamental de la Web actual y mantenerse al margen es tarea harto complicada. ¿Sabes cuántos sitios en Internet utilizan bibliotecas o API de Google para dotarse de funcionalidad y reducir los tiempos de carga? Desde bibliotecas de lenguajes de programación a métodos de autenticación, fuentes tipográficas… O Google Analytics. Bloquear todo eso es mermar la experiencia en algunos casos hasta destruirla por completo.

Llegados a este punto, no obstante, sigue habiendo una vía de escape, que pasa por navegar de manera corriente y sin excepciones a través de una VPN o la red Tor, lo cual facilita hasta el uso e identificación en los servicios de Google sin pérdida de la privacidad, siempre que generes datos que permitan identificarte. También puedes hacerlo sin utilizar nada de Google motu propio, ni identificarte nunca en ninguno de sus servicios.

Pero ni siquiera así vas a escapar de Google. Porque tú puedes controlar lo que haces, pero no lo que hacen las personas con las que te relacionas. No puedes evitar que esa gente use Gmail para comunicarse contigo, que los documentos que compartes terminen en Google Drive, o que las fotos que te has hecho con terceros acaben en Google Fotos con la geolocalización y el reconocimiento facial activados. Simplemente, no puedes. Luego no puedes escapar de Gooogle, te guste o no.

¿Cuál es la moraleja de esta historia, te preguntas? La que te he adelantado en el titular: que no puedes escapar de Google, al menos mientras sigas viviendo en comunidad y utilizando Internet. Rectifico: sí que puedes. Si no evitar que Google sepa de tu existencia, que deje de acumular datos que te involucran: te vas a vivir solo al monte y que te cunda. Es una conocida falacia, pero en esencia es lo más cercano a la verdad que encontrarás.

Así pues, terminaré con otra popular falacia que, sin embargo, se puede aplicar en algunos casos: la virtud está en el término medio. No te comas la cabeza demasiado con estos temas, porque la batalla por la privacidad, tal y como están las cosas ahora mismo, está perdida. Por la salud de Internet y la tuya propia, intenta encontrar un equilibrio en lo que usas y cómo lo usas, pero no te fustigues ni te prives de disfrutar cuando la alternativa es sufrir. Tan sencillo como eso.

La entrada ¿Escapar de Google? No puedes es original de MuyComputer