Así es cómo Windows 10 hizo desaparecer mis SSDs, y me dio un gran susto

Si no me falla la memoria llevo alrededor de cinco años utilizando Windows 10 Pro. Actualicé a dicho sistema operativo desde Windows 7 Pro, un sistema operativo que utilicé durante muchos, muchos años, y al que salté directamente desde Windows XP. Sí, también utilicé en su momento Windows Vista, concretamente en un portátil LG R200 Chocolate, y Windows 8.1 en un Lenovo IdeaPad Z500 Touch que todavía está conmigo, aunque mis primeras experiencias con el sistema operativo de Microsoft se remontan a Windows 3.1.

Durante estos cinco años utilizando Windows 10 Pro a nivel general, tanto para trabajar como para disfrutar de mis ratos de ocio, he tenido una experiencia que, en general, calificaría como muy buena. Los pocos problemas que me ha dado este sistema operativo se han limitado, como recordarán nuestros lectores habituales, a algún conflicto con los drivers de sonido, y a algún pantallazo azul que, al final, no fue a más. Tuve una buena racha que ningún otro sistema operativo había sido capaz de darme, pero por desgracia tocó a su fin hace apenas unos días.

El pasado viernes, Microsoft forzó la instalación de una actualización del driver «Advanced Micro Devices, Inc. – SCSIAdapter – 9.3.0.221» a través de Windows Update, un controlador problemático que ha tenido efectos catastróficos entre algunos usuarios de Windows 10, entre los que me incluyo, aunque en mi caso al menos dejó un par de unidades de almacenamiento «vivas». La primera en informar de los problemas que estaba dando este controlador fue Tom´s Hardware, aunque indagando en los foros de Microsoft podemos ver que ya existía conocimiento de este fallo desde el mes de abril. En Reddit también hemos visto casos de varios usuarios afectados.

Viendo todo lo ocurrido, puedo sacar en claro que, dentro de lo malo, tuve suerte. La actualización al driver «Advanced Micro Devices, Inc. – SCSIAdapter – 9.3.0.221» que forzó Windows 10 en mi equipo hizo que, de forma súbita, desaparecieran todos mis SSDs NVMe. El sistema operativo dejó de mostraros, y ni siquiera me aparecían en la herramienta dedicada a la gestión, creación de formato y de particiones de Windows. Se habían volatilizado.

Windows 10 hizo desaparecer mis SSDs

¿Había eliminado Windows 10 mis SSDs? No, por suerte seguían «vivos»

Lo primero que pensé nada más ver que el sistema solo mostraba mi SSD Samsung EVO 850 (SATA III) y un SSHD Seagate (SATA III) fue que podría tratarse de un error de detección, y que bastaría con reiniciar  el PC. Eso hice, pero todo seguía igual. Decidí entrar en la BIOS para comprobar si esta reconocía las unidades instaladas, y sí, estaban presentes. Me dirigí a la herramienta de recuperación de Windows 10, y vi que ahí también aparecían mis SSDs NVMe, lo que me dejó bastante desconcertado.

Me dirigí al historial de actualizaciones y eliminé las últimas que había instalado Windows 10 de forma automática, pero todo seguía igual. Esto, unido a todo lo que he dicho anteriormente, me hizo penar que podría ser un tema de hardware o quizá más profundo, de BIOS. En aquél momento no estaba totalmente seguro de que había sido la actualización que he citado, y de hecho lo descarté al ver que, tras eliminarla, todo seguía igual.

Tenía claro mi plan de actuación, así que desconecté el PC, lo abrí, retiré los SSDs NVMe, limpie las conexiones con alcohol isopropílico, revisé la BIOS a fondo, actualicé, volví a versiones anteriores, cambié los conectores SATA III por pura desesperación, y al final, cuando ya había perdido casi todo el día buscando una posible solución, fue cuando encontré la información de Tom´s Hardware. Al comprobar que eliminar la actualización no me había funcionado, pensé que podría haberse generado un conflicto profundo e imposible de resolver por esa vía, y que reinstalar Windows 10 iba a ser mi mejor apuesta.

Tenía una copia de seguridad hecha en mi SSHD, pero por si acaso salvé algunas cosas de gran importancia en unidades USB. Qué puedo decir, menos mal que se me ocurrió hacerlo. Solo pude resolver el problema con una reinstalación total, y limpia, de Windows 10 Pro, es decir, eliminando todos los datos, ajustes y configuraciones. Cuando terminó el proceso, los SSDs volvían a estar presentes, pero el SSHD quedó en formato «RAW», lo que significa que no podía acceder a mi copia de seguridad. Sí, un auténtico desastre, menos mal que hice copias en esas unidades USB, si no, lo habría perdido todo.

Intenté recuperar los archivos del disco duro RAW, todo esto ya el sábado, pero mis intentos fueron en vano. Frustrado, y tras casi dos días lidiando con este problema y cumpliendo con mis obligaciones dentro de lo que podía, hice una revisión de memoria de lo que perdía y de lo que pude salvar en el PC en esas unidades USB, y me decidí a dar formato al SSHD. Fueron unos segundos, sin más. Estaba claro que no se había visto dañado, el proceso de darle formato duró prácticamente nada, y volvió a funcionar a la perfección.

Pausar actualizaciones: Lo primero que hice tras reinstalar Windows 10 Pro

Durante los últimos meses he escrito mucho sobre la mala racha que arrastra Microsoft con las actualizaciones de Windows 10, y por ello me siento algo culpable de que me haya pasado esto. Siento que lo sabía y que podía haberlo evitado, pero tras cinco años sin problemas graves con dicho sistema operativo, me sentía muy confiado, y por ello no había establecido restricciones especiales con todas las actualizaciones.

Ahora, tengo las actualizaciones siempre pausadas, y sí, cuando reinstalé Windows 10 contemplé estupefacto cómo el sistema había vuelto a descargar la misma actualización que contenía el driver problemático, y estaba intentando volver a instalarlo. Increíble.

Con todo, es evidente que el grueso de la responsabilidad recae en Microsoft. Mi experiencia personal me ha hecho tener, aún más claro, lo que ya os he dicho en muchas ocasiones, que la compañía de Redmond tiene muchas cosas que mejorar en todo lo que respecta a Windows Update, y a las actualizaciones, en sentido amplio, de Windows 10. Al momento de escribir este artículo, Microsoft ya había retirado la actualización defectuosa, pero para muchos el daño ya estaba hecho.

Microsoft tiene una deuda con la calidad de las actualizaciones de Windows 10, y por desgracia esa deuda no solo no se reduce, sino que tengo la sensación de que cada vez va a más, y empiezo a pensar que la compañía nunca va a ser capaz de «pagarla». Gracias a esa actualización defectuosa tuve que invertir tres días para que mi equipo volviera a la normalidad, perdí información importante (parte de ella irrecuperable), y tuve que lidiar con un grado de frustración nada agradable. Desde entonces lo tengo claro, todas las actualizaciones pausadas, de forma permanente, y mis copias de seguridad tendrán una mayor amplitud y redundancia.

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