¿Será la vacuna el final de las mascarillas?

Con altibajos, con luces y sombras, finalmente parece que la vacuna o, para ser más exactos, los envíos de las diversas vacunas aprobadas en Europa para la COVID-19 ya están llegando a buen ritmo, y lo mismo ocurre con las campañas de vacunación. Todavía estamos lejos de unos números ideales, pero día a día se van administrando nuevas dosis que elevan el número de ciudadanos inmunizados y nos hacen recobrar la ilusión por acercarnos a algo que se parezca bastante a la vieja normalidad.

En las conversaciones que he tenido con muchas personas sobre la crisis sanitaria que vivimos y su evolución, he visto que hay bastante gente que relaciona directamente la vacuna y la mascarilla, planteando que son elementos excluyentes, es decir, que una vez que una persona esté vacunada (con todas las dosis que correspondan a su vacuna) debería poder dejar de emplear la mascarilla tras un plazo prudencial, es decir, el necesario para saber que la vacuna ya ha hecho efecto.

En los últimos meses hemos escuchado mucho sobre las vacunas, desde dudas legítimas, relacionadas con el poco tiempo que ha habido para realizar todas las pruebas, hasta disparates por todos conocidos, como las que hablan de chips con 5G (que no me importaría a mí tener 5G cuando me hayan vacunado, eso también lo digo), sistemas de control de la población y demás conspiranoias que, más allá de ser bastante risibles, pierden bastante gracia cuando empiezan a plantear un problema de salud.

Así, en ese ecosistema de dudas, el vínculo entre vacuna y máscara ha ido escalando posiciones estos últimos tiempos, en una señal mas del hartazgo de una parte de la sociedad con las medidas de prevención. Y hoy podemos leer en Ars Technica que,el CDC estadounidense ha tomado una decisión, que personalmente encuentro sorprendente, y que consiste en permitir a las personas vacunadas que dejen de emplear la mascarilla. A partir de ahora solo tendrán que hacerlo en determinados lugares, como las zonas sanitarias.

¿Será la vacuna el final de las mascarillas?

Es indudable que la consideración que tiene la mascarilla en Estados Unidos no es especialmente positiva. Utilizada como elemento de confrontación política por Donald Trump, una parte de la población considera que va en contra de las libertades individuales. Y puede que sea así, pero también es cierto que rechazar su uso va en contra de la salud pública, y eso debería tener más peso en las opiniones personales, creo.

Esto, pienso, nos explica la razón por la que en Estados Unidos se ha asociado la vacuna con el fin de la mascarilla. El problema es que todavía falta mucha investigación para determinar si las personas vacunadas todavía pueden ser portadoras y difusoras del coronavirus, en cuyo caso permitir que dejen de emplear la mascarilla pueden incrementar la cantidad de personas que difunden o reciben el patógeno, y que luego lo «comparten» en sus entornos más cercanos.

No es que yo sea un fan de la mascarilla, en realidad estoy deseando perderlas de vista por mucho tiempo, pero tengo la sensación de que la vieja Europa será más conservadora a ese respecto, y que las personas que ya hayan sido inmunizadas que seguir llevándola por un tiempo. Y me parece lo más sensato, a decir verdad.

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